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Las Bases de la Fe (Spanish Basics)

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Lección 1-1:

El Problema - El Pecado_______________

Génesis 2:16, 17
Génesis 3:1-7, 12-16, 21

El libro de Génesis nos lleva al pasado, al comienzo de la historia humana. En los primeros dos capítulos vemos un ambiente perfecto creado por un Dios perfecto, una y otra vez Dios observó lo que había hecho y vio que era bueno. En este ambiente perfecto, Dios colocó al hombre perfecto y a la mujer perfecta y les dio el don de la libertad. Para que esa libertad fuera real, Dios les dio al hombre y a la mujer opciones auténticas. Y entonces, en el huerto de Edén, comenzó la prueba de la voluntad humana.

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (GEN 2:16,17)

Dios sabía que en el instante en que El les diera libertad al hombre y a la mujer, surgiría el peligro en este ambiente perfecto Sabía que con la libertad el ser humano podría tomar una decisión personal de rechazarle a El y, junto con El, todo lo bueno. Sabía que con la libertad el hombre podría convertir el paraíso en un infierno sobre la tierra. El hecho de que estuvo dispuesto a darle a la raza humana este maravilloso don a pesar de los peligros que generaba, nos dice del valor que le da Dios a la libertad humana.

La Biblia no nos dice cuánto tiempo Adán y Eva estuvieron en el huerto de Edén antes de los eventos relatados en Génesis Puede haber sido una semana, o pueden haber sido mil años.

 

Pero la serpiente era astuta, más que todos Ios animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿ con que Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto ? (GEN 3:1)

 La palabra hebrea que significa serpiente es najash. Najash significa "el que brilla". Esta criatura, sea lo que haya sido, hasta este momento no tenía el aspecto de serpiente. No fue sino hasta la caída del hombre que Dios maldijo a la serpiente y ésta se convirtió en un símbolo de pecado. En Apocalipsis 12:9 a la serpiente se le identifica como el diablo: Satanás, el que engaña al mundo.

En el huerto de Edén, Satanás trabaja por medio de esta criatura. Se acerca a la mujer dándole a entender que Dios le está escondiendo algo a ella y, por lo tanto, no es un Dios bueno.

 

Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de Ios árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. (Gén. 3:2, 3)

Notemos que la mujer no se sorprende cuando le habla esta criatura. Hace un intento débil por defender a Dios, pero al hacerlo tergiversa lo que El había dicho. Dios no les había dicho que no podían tocar la fruta, sólo que no podían comerla. Sin duda, aquí comenzó un problema en la raza humana: la ignorancia de la Palabra de Dios. Aunque Adán y Eva tenían la Palabra hablada y nosotros en la actualidad tenemos la Palabra escrita, el principio es el mismo: la ignorancia de la Palabra de Dios siempre lleva a la derrota. Cuando nosotros en la actualidad no entendemos con claridad la Biblia, cuando agregamos a Sus instrucciones o quitamos de ella, somos derrotados.

 

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. (Gén. 3:4, 5)

Habiendo plantado en la mente de la mujer la semilla de la duda acerca de la bondad de Dios y Su plan, Satanás ahora aprovecha aún más la falta de comprensión que ella tenía de la Palabra de Dios. Le presenta una verdad a medias y le dice que el castigo por comer el fruto no es realmente lo que ella piensa. Sabe que Eva está pensando en términos de una muerte física. También sabe que ella no se desplomaría y moriría físicamente el instante que comiera del árbol, así que sus palabras eran una verdad a medias. La advertencia de Dios en Génesis 2:17 usa dos veces la palabra hebrea que significa muerte, mut: "el día que de él comieres, ciertamente morirás." Dios le estaba diciendo que morirían espiritualmente y, como resultado, con el tiempo morirían físicamente. Eso es justamente lo que Adán y Eva estaban por aprender por propia experiencia.

 

 
 

Muerte

El diccionario define esta palabra como "Cesación o término de la vida". Aunque con frecuencia la asociamos con extinción, la muerte en la Biblia nunca significa el final de la existencia. En cambio, significa separación de un dominio dado o incapacidad de funcionar en él. La Biblia describe siete muertes:

1. Muerte espiritual es la separación de Dios. Como resultado de la caída, todos los seres humanos nacen espiritualmente muertos, cautivos del "dominio de las tinieblas" (Gén. 2:17; Col, 1:13; ROM 6:23).

2.   Muerte posicional es la separación del pecado y de la naturaleza pecadora. Todo creyente recibe vida espiritual y es colocado en Cristo en el momento de salvación. Ahora, como creyentes, nosotros tenemos la habilidad de elegir a cada instante si hemos de servir a nuestra vieja naturaleza pecadora, que no nos será quitada hasta que muramos físicamente, o a nuestra nueva naturaleza (ROM 6:1-4, 10,11; Gál. 2:20; COL 2:12, 20, 3:3).

3.   Muerte temporal es la carnalidad, la separación de la comunión con Dios, Cada vez que como cristianos cedemos a la tentación de pecar, entramos en una muerte temporal (Stg. 1:15; ROM 8:2, 6, 13; 1 Tim. 5:6).

4.   Muerte operacional es la separación entre nuestra profesión de fe y la práctica de esa fe (Stg. 2:26; Ef. 5:14; 1 Jn. 1:5, 6).

5.   Muerte sexual es la incapacidad de funcionar sexualmente (ROM 4:19, 20; HEB 11:11, 12).

6.   Muerte física es la separación de alma y cuerpo; la incapacidad de funcionar en el sentido físico (HEB 9:27; Gén. 5:5).                                       

7.   Muerte segunda es el juicio de los incrédulos, la separación eterna de Dios (Apoc. 19, 20).   

 

Comer del árbol, dice Satanás, no le causaría la muerte; le daría iluminación y haría que ella fuera como Dios. Esto, sabemos por Isaías 14:13, 14, es exactamente lo que Satanás anhelaba para sí. Consideremos la lógica de Satanás: "Puedes ser como Dios rechazando a Dios".

 

Y la mujer estaba por tragar la mentira. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría, y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. (Gén. 3:6)

 Notemos que la serpiente no se metió con Adán; pues no tenía necesidad de hacerlo. Llegó a Adán por medio de la mujer. Eva se vio ante la tentación de ser como Dios. Pero Adán se vio ante una tentación totalmente distinta. Cuando se encontró con Eva después que ella había comido el fruto, vio inmediatamente que no era la misma de antes; era una criatura caída. Supo instantáneamente que ahora tenía que elegir entre su mujer y Dios.

Primera Timoteo 2:14 expresa con claridad que aunque Eva fue engañada, Adán no lo fue. Ella creyó que si comía del árbol sería como Dios. Adán no creyó así, ni por un segundo. No creyó que Dios le hubiera retenido algo que era bueno, y no creyó que el fruto del árbol lo iba a elevar ni un centímetro. El sencillamente tomó una decisión: "Eva ha caído y puedo elegirla a ella o puedo elegir a Dios." Eligió a Eva, y es por esto que a la caída se le llama "el pecado de Adán".

 

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. (Gén. 3:7)

¿A Eva le dijo Satanás que esto sucedería, que sus ojos serían abiertos? Sí. ¿Resultó todo como él le hizo creer? No. El pecado nunca resulta en lo que Satanás prometió que resultaría. Adán y Eva habían estado desnudos antes de la caída pero ahora, debido al pecado, la posibilidad de perversión entra en sus pensamientos. Responden tratando de cobijarse. Este es el primer caso de una religión humana, el primer intento del hombre y la mujer de tratar de resolver ellos mismos sus problemas, de esconder su pecaminosidad ante los ojos del otro y de hacerse aceptables a Dios.

En su interior saben que los vestidos que han hecho no bastan, y entonces Adán y Eva tienen miedo y tratan de esconderse de Dios. En Génesis 3:9 el Señor Dios los llama, El sabe dónde están; lo que quiere de ellos es una simple confesión, que ellos admitan que saben donde están. Esto es lo que siempre quiere de nosotros cuando pecamos: una confesión simple y sincera. Primera Juan 1:9 promete que si confesamos (que sencillamente significa decir, o reconocer) nuestros pecados, El nos perdonará y limpiará. Adán y Eva, en lugar de admitir su culpa, hicieron lo que generalmente hacemos nosotros: se culparon uno al otro.

Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. (Gén. 3:12,13)

 
 

Pecado

¿Qué es pecado? LewisSperry Chafer escribe en Systematic Theology (Teología Sistemática) que "es esencialmente una inquieta aversión por parte de la criatura de permanecer en la esfera y limitación en las cuales el Creador omnisciente lo ha colocado. En general, el pecado es falta de conformidad al carácter de Dios." (Systematic Theology, ed. por John F. Walvoord (2 vols. Wheaton: Victor Books, 1988], 1.367.)  

La única unidad de medida para medir el pecado es el carácter santo de Dios. El pecado es pecaminoso porque es Su Palabra. ¿Que tan serio es el pecado? Una vez más, la única manera en que el hombre puede entender lo horrible que es el pecado, es escuchando el propio dictamen de Dios. El pecado es tan terrible que los ángeles que pecaron nunca escaparán del Lago de Fuego. El pecado es tan terrible que una acción de Adán y Eva trajo degeneración, depravación y sufrimiento insondable a toda la humanidad. El pecado es tan terrible que el Hijo perfecto de Dios sufrió al máximo sobre la cruz para redimir a la humanidad.

Todos los hombres tienen que lidiar con tres clases de pecado:

Pecado imputado es el pecado de Adán puesto en la cuenta de cada uno de sus descendientes (Rom. 5:12). Por causa del pecado imputado, todo miembro de la raza humana nace espiritualmente muerto y bajo condenación (Jn. 3:17).

Pecado inherente es la naturaleza pecadora que todo ser humano hereda de sus padres (Jn. 3:6; Gál 5:17). Nuestras áreas de debilidades naturales y puntos fuertes naturales, así como nuestras características físicas, son combinaciones de las tendencias de nuestros padres. Nuestra naturaleza de pecado es tan individual como una huella digital: no hay dos idénticas.

Pecado personal es el resultado de las elecciones que hacemos y es la evidencia externa de que toda persona tiene una naturaleza de pecado (ROM 3:23). El pecado personal es a lo que se refiere por lo general la Biblia cuando menciona la palabra "pecados". Los pecados se agrupan dentro de tres categorías: mentales (pensamientos), verbales (palabras) y manifiestos (acciones).

Pero Dios ha provisto una solución. En la cruz, Jesucristo se hizo pecado por todos los hombres, para que todo aquel que en El cree pueda ser hecho justicia de Dios en El (2 Cor. 5:21). Debido a que El cargó con toda condenación, todos los hombres tienen la oportunidad de ser liberados del pecado y sus consecuencias. Pero esa libertad depende de una elección.

Adán, quien era libre en el Edén, miró el árbol y, sabiendo cuáles serían las consecuencias, eligió tomar de su fruto. El resultado fue la muerte. Nosotros, quienes somos muertos en Adán, nos encontramos ante otro árbol. Podemos contemplar la cruz, sabiendo cuál será la consecuencia, y tomar de su fruto. El resultado será vida y libertad.

En la cruz se encuentra la solución a ¡os tres tipos de pecado:

El pecado imputado es solucionado por el hecho de que somos puestos en Cristo en el momento de ser salvos. Mientras que en Adán éramos culpables, ahora somos considerados inocentes en Cristo. "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (1 Cor. 1:30; 15:21, 22; ROM 4:22-24; Fil. 3:9).

El pecado inherente es solucionado por el hecho de que cuando creemos en Jesucristo, nos es dada una nueva naturaleza, un nuevo espíritu que no puede pecar. "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es" (2 Cor. 5:17).

El pecado personal es solucionado por el hecho de que Jesucristo pagó por todos los pecados que han sido o serán cometidos (2 Cor. 5:21; 1 Ped. 2:24; ISA 53:6). Debido a que El pagó el castigo de todos ios pecados, cuando pecamos y quebrantamos la comunión con Dios, podemos confesárselo y ser perdonados (1 Jn. 1:9; Ef. 5:18).

Adán le echa la culpa a Dios porque Dios le había dado la mujer, la mujer le echa la culpa a la serpiente. Ambos se niegan a hacerse responsables de su desobediencia.

Ya se hacen evidentes cuatro efectos de la caída: perversión, culpabilidad consciente, temor y hostilidad. Son los mismos efectos que enfrentamos nosotros todos los días: Perversión es el mal que podemos hacer con lo bueno que Dios nos da. Culpabilidad consciente es la percepción interior de que hemos pecado y somos responsables ante Dios. El temor, el gran poder del reino de Satanás, es el resultado inevitable de negarnos a admitir nuestra culpa y aceptar el perdón. La hostilidad hacia Dios y hacia otros es la expresión del temor descontrolado.

Empezamos diciendo: "Si Dios fuera realmente Dios, no me negaría las cosas que yo quiero". Enseguida tomamos nuestro propio camino para obtener esas cosas y, entretanto, nos hacemos daño. Entonces le echamos la culpa a Dios por aquel daño y en nuestra ira lo atacamos: "¿Por qué permitió Dios que me sucediera esto?" Todo comienza con una pregunta: "¿Por qué Dios no me da esto?" Y termina con otra pregunta:" ¿Por qué permitió Dios que me sucediera esto?" Estos son los efectos de la caída del hombre.

Dios no tuvo la intención de dejar al hombre perdido y sin esperanza. Desde el principio tenía un plan. La primera revelación de ese plan se encuentra en Génesis 3:15.

Y  Jehová Dios dijo a la serpiente:

Por cuanto esto hiciste,

Maldita serás entre todas las bestias

Y  entre todos los animales del campo;

Sobre tu pecho andarás,

Y  polvo comerás

Todos los días de tu vida.

Y  pondré enemistad

Entre ti y la mujer,

Y  entre tu simiente y la simiente suya;

Esta te herirá en la cabeza,

Y  tú le herirás en el calcañar.

(Gén. 3:14,15)

Esta es la primera promesa del Salvador, el Mesías. Lo que el Señor Dios describe aquí es la obra de la cruz, donde Satanás heriría a Cristo Jesús en el calcañar, pero Cristo Jesús destrozaría la cabeza de la serpiente. El pecado es la barrera entre Dios y el hombre. En la cruz, Jesucristo quitaría esa barrera y abriría la puerta hacia Dios para que cualquiera pudiera tener la libertad de acercarse a Dios por la fe en El. El resto de la Biblia es el relato de cómo Dios fue cumpliendo la promesa que hace aquí. Todo el Antiguo Testamento señala hacia adelante, hacia el cumplimiento de esta promesa de la simiente de la mujer. En Génesis 12:1-3, la promesa se circunscribe a la simiente de Abrahám, en Génesis 49:8-12, a la simiente de la tribu de Judá, en Isaías 7:14, a la simiente de una virgen y, finalmente, en Mateo 1:23 a la simiente de María: Jesús el Mesías.

 

Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. (Gén. 3:21)

El acto en el cual Dios arropa a Adán y a Eva es la primera imagen bíblica de la redención. Un animal sin culpa es sacrificado para proveer una cobertura para el hombre pecador. Al aceptar esa cobertura, Adán y Eva reconocen que son impotentes para eliminar la separación espiritual de Dios que su pecado ha traído al mundo. Aunque son impotentes, todavía tienen libertad, y la ejercitan esta vez eligiendo mirar hacia adelante con fe la venida del Redentor prometido.

 
 

Libre Albedrío

 El libre albedrío, a pesar de que hace posible el mal, es a la vez lo único que hace posible compartir el amor, la bondad o el gozo. Crear un mundo de autómatas, de criaturas que operen como máquinas, no valdría la pena. La felicidad que Dios determina para Sus criaturas más elevadas es la felicidad de estar libre y voluntariamente unidas a El y a los demás en un éxtasis de amor y de deleite, comparado con el cual el amor más avasallador entre un hombre y una mujer en esta tierra es mera leche aguada. Y para eso es necesario ser libre. Por supuesto que Dios sabía lo que sucedería si tales criaturas usaban mal su libertad; aparentemente pensó que el riesgo valía la pena. Tal vez nos sintamos inclinados a estar en desacuerdo con El. Pero hay una dificultad en cuanto a no estar de acuerdo con Dios. Dios es la fuerza de la cual proviene nuestro poder de raciocinio; no podemos nosotros estar en lo cierto y El estar equivocado esto sería como si una corriente de agua se levantara por si sola de su nivel de origen... Si Dios piensa que este estado de guerra en el universo es un precio que vale la pena pagarse por el libre albedrío, o sea, por un mundo vivo en el cual las criaturas puedan hacer mucho bien o mucho mal y algo de verdadera importancia pueda ocurrir, en lugar de un mundo de juguete que sólo se mueva cuando El mueve sus cuerdas, entonces también nosotros podemos estar seguros que vale la pena pagarlo.                                 - C. S. Lewis

(Cristianismo...¡y nada más! [Miami: Editorial Caribe, 1977], 58.)


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